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Novedad en el blog

Acabo de desactivar un plugin que tenía puesto en el blog y que no dejaba hacer comentarios en los posts más antiguos de un mes. Lo puse en su momento porque durante el período del año 2007 que tuve esto abandonado, los bots de spam me frieron a comentarios.

Ahora que ya está normalizado puedo quitar el “modo dictador:)

Si veo que vuelven a escribir comentarios de spam y aumenta la carga del servidor, volveré a censurar aunque no me haga mucha gracia…

Ruta: Sørvågen – Djupfjordheia – Merraflestinden

Durante el viaje por las islas Lofoten, planeamos hacer alguna ruta si el día se levantaba despejado. Aunque eso de establecer diferencia entre el día y la noche en un lugar así es un poco extraño. Encontré una ruta que prometía bastante casi al final de las islas y siempre nos quedaba la opción de ir hasta el refugio Munkebu, un lugar desde el que hacer noche para descubrir aún más toda la zona interior de la isla de Moskenesøya. Así que armados con mi GPS y un track que encontré por ahí, pusimos rumbo a nuestro primer objetivo, una elevación llamada Djupfjordheia.

Salimos del pueblo de Sørvågen por un camino no muy complicado que poco a poco iba ascendiendo y dejándonos apreciar unas vistas cada vez más increíbles. La ruta asciende por el lateral de tres lagos a distintas alturas. Son el Stuvdalsvannet, Tridalsvannet y Fjerddalsvannet.

Vista del segundo lago, el Tridalsvannet

Una vez en nuestro primer objetivo, el Djupfjordheia, ya empezamos a admirar las vistas y lamentar que estuviese un poco nublado. Aprovechamos para comer y sacar unas cuantas fotos. No fuimos los únicos que pasaron por allí.

Nuestro siguiente objetivo, el Merraflestinden, a la derecha

Gente desfilando hacia el refugio Munkebu

Quedaba nieve a escasos 500 msnm a principios de julio

Casi todo el mundo iba en dirección a Munkebu, pero nosotros decidimos ir en otra dirección, hasta el Merraflestinden, desde donde supusimos que habría mejores vistas. Y así fue.

El pueblo de Sørvågen y las pequeñas islas al final de las Lofoten

En la cima del Merraflestinden con Djupfjorden y su puente

Esta es prácticamente igual a una foto anterior, pero conmigo, así que el paisaje gana :D

Vista de tierra firme al fondo. Vaya montañitas que hay al lado del mar…

Sørvågen de nuevo, con el ferry que va a Bodø saliento de puerto

Esta es para demostrar el pedazo de zoom de la cámara

Con las mismas nos fuimos por donde vinimos, no quisimos arriesgarnos a investigar nuevos caminos porque teníamos un lisiado con nosotros y no era cuestión de forzar la máquina.

Perfil de elevacion
Perfil de velocidad
Descargar track

De Rositas y Margaritas – Capítulo IV (Si cuela, cuela)

Dicen que Noruega tiene un índice muy alto de morosidad para ser un país en el que no hay mucha gente que pase apuros económicos y por eso son tan estrictos con las facturas, los plazos de pago y las multas por no pagar a tiempo.

Pero lo que nadie tiene en cuenta es el “pillaje” a la hora de cobrar cosas a la gente o de esos pequeños “descuidos” si no estás atento. Poco a poco mi mentalidad ha ido evolucionando desde que estoy aquí y he pasado a fijarme en absolutamente todo lo que me cobran, desde el ticket del super hasta las facturas de la luz.

Creo que todo empezó hace ya dos años, en un sitio bastante peculiar para ello, la recepción del gimnasio. En aquel entonces pagaba la cuota mensual en efectivo cada mes, que eran 430 coronas. Un día como cualquier otro, sin venir a cuento, llegué a la recepción, dije que iba a pagar el mes y la chica me dijo con una amplia sonrisa: “Son 465 coronas”. Un noruego de pura cepa, como ya comenté en un post anterior, no habría dicho ni mu, habría sacado la billetera y apoquinado como un campeón. Yo, inocente de mí, pregunté: “¿por qué?” Y ahí comenzó el primer quebradero de cabeza que hizo cambiar mi manera de ser para siempre.

La amable chica de la recepción revisó algo en el ordenador, aporreó el teclado, hizo dos o tres clicks y me dijo: “Ah, pues son 430″. Sonreí orgulloso de haberme salido con la mía. Pagué, imprimió un ticket y hasta más ver. Cuál fue mi sorpresa al mes siguiente cuando además del aviso normal del pago de la factura me llegó un aviso de impago de otra distinta con un recargo de regalo por no haber pagado a tiempo. Durante seis meses estuve yendo a pagar religiosamente la factura del mes en curso y a quejarme por recibir la de impago, que aumentaba al mismo tiempo que mi cabreo. Cuando ya me harté de ver que no solucionaban el problema y les amenacé conque me iba a borrar del gimnasio y me iría del país en breve, se avanzó un poco más. Tuve que ponerme en contacto con la agencia que estaba tramitando el impago de la factura y justificar con los tickets de todo el año que ya estaba pagada. Afortunadamente estaba guardando todos y la cosa quedó ahí. Pero me pregunto si debería haber pagado lo que me dijo para evitarme todo el jaleo. La respuesta es NO y desde entonces tengo una cruzada personal contra este tipo de cosas que me enervan a más no poder.

Otros ejemplos de este tipo son los vendedores que te ofrecen pastillas de Omega-3 para suplir la falta de luz durante el invierno, te dan una muestra y te cogen los datos. Al cabo de un par de meses te llegan a casa, dos botes de pastillas, una suscripción anual para recibir las pastillas en tu domicilio cada mes y una bonita factura por todo ello. Esto a mí no me ha pasado porque ya no doy mis datos ni aunque me prometan un contrato en propiedad de una casa firmado por un notario con sangre de unicornio.

Pero hay más. Sorpresas al llegar a hoteles por sobrecargos, en alquileres de coches, contratos de móvil… En el trabajo ya ni me meto. Cargos sin avisar aunque hubiese una propuesta firmada antes, trabajos a medio hacer, facturas sin recibir la mercancía.

Hay mil y una aventuras, y cada día, con solo salir a la calle y cuando menos te lo esperes, habrá una a la vuelta de cualquier esquina. No hay lugar para el aburrimiento en Noruega.

Viaje a Rusia parte II (San Petersburgo)

Es duro tener que terminar los borradores que tienes empezados desde hace más de un año. Las cosas ya no están tan frescas y muchos detalles se pierden, pero la esencia sigue ahí. Ya hubo un post con una primera parte de este viaje que cubre los días que estuvimos en Moscú, en los que prácticamente estuvimos con Jon de niñera todo el rato. Esta segunda parte cubre los días que pasamos en San Petersburgo y el viaje en tren que hicimos hasta allá. Billetes que no creo que hubiesemos podido conseguir sin la inestimable ayuda de nuestro anfitrión.

Como ya he dicho tanto la ida como la vuelta la hicimos en tren. Un viajecito de unas 8 horas en un coche-cama sin ningún tipo de intimidad, catres de 70×180 centímetros, gente con incontinencia urinaria nocturna y un calor infernal inexplicable teniendo en cuenta que fuera hacía bastante frío.

La cara que se me quedó cuando me dijeron que el viaje iba a ser de 8 horas

Pero sobrevivimos, tampoco fue para tanto. Llegamos bien prontito al hostel dispuestos a empaparnos de Historia rusa y para ello contratamos a una guía que nos paseó en coche por la ciudad contándonos todas las aventuras de los zares y jet-set de la época comunista.

El otoño ya llegó

Saltando delante de la Iglesia de la Sangre Derramada

Desde la furgoneta de nuestra guía

Decir que la visita guiada estuvo muy bien, aunque en varias ocasiones nuestra guía intentó llevarnos a lugares visitables y estaban cerrados, cosa que debería haber sabido con antelación. Pero vamos, que sin quejas, lo que nos contó fue lo bastante interesante como para no aburrirnos y aprender un poco de la historia de la ciudad. Al final de la ruta, nos dejó en el Hermitage, donde pasamos un buen rato visitando el museo.

En la entrada del Hermitage

Haciendo el tonto en la entrada, one more time

Una de las obras que más gracia nos hizo fue la que viene a continuación, a la que no estaba permitido sacar fotos…

Cher Guevara

Dimos bastantes paseos por la ciudad, alguno de ellos muy largo e incluso nos atrevimos a ir hasta Pushkin, una población a 30km al sur de San Petersburgo donde se encuentra el Palacio de Catalina con su sala de ámbar. Cogiendo el autobús, claro.

Una de las salas del palacio

Hay que comentar que el palacio era increíble, pero fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial y reducido a escombros, así que la práctica totalidad de lo que hay está reconstruido desde cero. Viendo las fotos del antes y el después hay que reconocer que hicieron un gran trabajo. No hay fotos de la sala de ámbar porque estaba prohíbido hacerlas y esta vez no nos arriesgamos a que nos pillasen. Pero para eso está Internet y los buscadores, ¿no?

Como decía al principio sobre la esencia del viaje, que eso no se olvida, lo que queda en el recuerdo fue pasar unos días geniales con gente genial en sitios geniales, aunque alguno fuese un lastre por quedarse cojo :)

No les votes

Aunque yo añadiría muchísimos más motivos de los que ahí se exponen… Me parece que ya va siendo hora de que las cosas cambien un poco.

NoLesVotes.com

Actualizado: Un enlace que viene muy a cuento de “los otros motivos“.

Oslo Maraton 2011 (El retorno)

Ejem… hola de nuevo… ¿todo bien? :)

Aprovecho para añadir un vídeo que Ramírez ha puesto en los comentarios de otra entrada quejándose de que no podía hacerlo en los posts de la maratón del año pasado.

El vídeo me ha encantado y me han entrado unas ganas de salir a correr… Lástima que todavía estemos con hielo y nieve en las calles. Por lo demás, todo lo que se cuenta me trae muchos recuerdos y sensaciones del entrenamiento y la carrera. Supongo que los que van a correr habitualmente tienen la misma sensación.

Tengo otro enlace recomendado por mi padre que me ha gustado y me ha parecido bastante gracioso, por si a alguien le da por correr una maratón y necesita buenos consejos.

Ya veo que como yo no escribo en el blog, los demás me forzáis a que lo haga enviándome cosas nuevas. Pero esto no puede quedar así, por lo que pondré una canción que lleva camino de convertirse en el himno de los entrenamientos para la maratón de este año. Porque, sí, ya me he apuntado…