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La estática en invierno

Una de las cosas que siempre me ha intrigado de vivir en Noruega no es el carácter de su gente, el clima tan variable o lo complicado que es saber el precio del pan en el supermercado. Lo que más me hace devanar los sesos son los calambrazos que recibes constantemente al tocar cosas metálicas u otras personas. Dichos calambres se producen única y exclusivamente en invierno, con lo que la intriga aumenta por momentos.

En un primer momento desarrollé teorías bizarras asociadas a la sal que se echa en las aceras para derretir la nieve y el hielo, puesto que todos sabemos que el agua salada es un buen conductor de la electricidad.

Así que haciendo uso de esa maravilla del conocimiento que es Internet y en lugar de utilizarlo para realizar una investigación sobre la cura del cancer para el bien de la Humanidad, me dispuse a resolver uno de los grandes misterios del país.

Cual fue mi sorpresa al saber que no era el primero que se lo planteaba, que de hecho hay una explicación científica para todo ello, tiene nombre (“static cling“) y, sobre todo, hay soluciones.

Sabemos que todo está hecho de átomos, formados por protones y electrones y que tienen cargas eléctricas. Los átomos cargados se suelen desprender de nosotros con bastante facilidad durante el verano al haber humedad en el ambiente. El agua es un buen conductor y nos deshacemos de ellos fácilmente. Algo que no pasa en los fríos días de invierno, donde no hay apenas humedad y la única manera de descargarnos es tocando otras cosas o personas que nos ayuden a hacerlo.

Una buena solución es tener humidificadores en los lugares donde suele pasar esto y que la descarga se haga poco a poco.

Lo malo es que muchas veces es inevitable, así que ahora que empieza el frío de verdad, tendré que vivir con el miedo constante al calambrazo al abrir una puerta o tocar cualquier otra cosa metálica. Qué se le va a hacer :)

Oslo Maraton (bis)

Pues no tenía intención de escribir nada más sobre la maratón, pero me han mandado un mail desde la organización con vídeos del paso por distintos puntos. Si al final va a merecer la pena pagar la pasta que pagué por inscribirme…

El vídeo de la llegada a meta riéndome mientras otro corredor entra cojeando no tiene precio :)

Viaje a las Islas Lofoten

Uno de los últimos rincones de Noruega que me quedaba por ver era éste. Un pequeño paraíso en forma de archipiélago muy cercano a la costa en la parte norte del país. Sus principales características son la tranquilidad, las pequeñas islas, las grandes elevaciones de roca, el sol de medianoche, los bacalaos secados al sol, los pueblecitos pesqueros, las playas de arena blanca y fina. Vamos, un pequeño paraíso.

Estuvimos en el archipiélago unos cuatro días, donde alquilamos un coche y nos movimos como quisimos. El punto de partida fue el aeropuerto de Evenes, compartido por las ciudades de Harstad y Narvik.

Puerto de Svolvær, la capital de las Lofoten

Restaurante en el centro de Svolvær

Aunque el nombre pueda parecer familiar, no se refiere al pescado en sí, sino que ese nombre se le da a una manera de cocinar el bacalao. Sí, es raro.

Una de las escalas del crucero Hurtigruten

Este crucero es uno de los muchos que recorren la costa noruega haciendo escala en varios puertos por el camino. Se trata del Hurtigruten y es muy famoso en verano. Aunque hicimos una noche en Kabelvåg, el primer día solo visitamos la capital y poco más, hacía bastante mal tiempo y no había muchas ganas de pasar frío.

Puerto de Henningsvær, un pequeño pueblecito de pescadores

Si no pudimos dar muchos paseos al aire libre por el tiempo tan malo, aprovechamos para visitar pueblos de los alrededores y deambular con el coche por carreteras desconocidas. Así fue más o menos como acabamos en Henningsvær. A la vuelta vimos una playa de arena blanca en una cala muy bonita, lástima que hiciese tanto frío…

Esta es la playa en cuestión

Pero claro, como no podía ser de otra manera, y a pesar del mal tiempo… el bañito cayó.

Saliendo del agua deprisa y corriendo

Fuí incapaz de estar en el agua quieto y sumergido completamente más de un segundo. No pude parar de correr ni al entrar ni al salir. Al llegar a la arena me dolían las piernas un horror del frío y se me quitaron las ganas de más baños. Eso sí, me arrepentí de no haberme bañado el año pasado cuando estuve en Svalbard. Hubiese estado bien poder contar que me bañé en el Ártico. Si por casualidad vuelvo allí como es mi intención, lo haré.

Otro de los sitios que visitamos en esos días fue el museo vikingo de las Lofoten. No tiene ni punto de comparación con el que hay en Oslo. De acuerdo que el de Oslo tiene los restos de barcos vikingos mejor conservados del mundo, pero en Lofotr hay reconstrucciones de viviendas y barcos vikingos con los que puedes hacerte una idea mejor de cómo vivían.

Una reconstrucción de barco vikingo en el fiordo

Tirando unas flechitas, vaya estilazo

Remando en el barco vikingo, lástima que estuviese amarrado

Mientras nos íbamos moviendo hacia la isla más alejada de tierra firme, el tiempo fue mejorando poco a poco y todo parecía tener más color.

Uno de los múltiples lugares en los que se cuelga el bacalao al sol

Estos bacalaos son muy típicos de esta zona de Noruega. Se venden como snack ya que están secos, pero a mí no me hicieron nada de gracia. Aparte de que ver cómo se secaban al sol mientras montones de moscas revoloteaban a su alrededor no contribuyó a que me gustasen.

Por fin llegamos al lugar más bonito de todas las islas, un pequeño archipiélago rodeado de montañas. Allí pasamos dos noches en la isla de Hamnøya.

Haciendo posturitas como siempre

Esta es la isla de Hamnøya y la casa blanca grande de la derecha es en la que dormimos

Aquí estuvimos de relax aunque pudimos hacer de todo: ver un partido del Mundial de la selección española, ir de ruta y tratar de ver el sol de medianoche.

Cuando digo que era el paraíso, es que realmente lo era

En cuanto al sol de medianoche, intentamos verlo en dos ocasiones. Siempre que íbamos hacia el norte, donde podía verse más fácilmente, había niebla que no dejaba ver absolutamente nada. Al segundo intento también nos encontramos niebla por el camino.

Yendo hacia el norte para ver el sol de medianoche

Y como siempre, se consiguió el objetivo. Después de pasar mucho frío y desvariar en cantidades industriales como viene siendo habitual, pudimos ver cómo el sol no llegaba a ponerse en el horizonte.

La foto de la victoria

Puede que éste sea el tercer mejor sitio de Noruega que he visitado, pero cada lugar es tan distinto dependiendo de la gente con la que viajas… que es difícil decidirse. Sobre todo cuando hay tantas historias, anécdotas, buena gente, cervezas, rayas y ovejas.

Vitamina D

A puntito de comenzar mi tercer invierno en Noruega y después de la experiencia de estos dos años voy a hacer un experimento para comprobar algo que hice mi primer invierno aquí inconscientemente.

Primero de todo hay que hacer un pequeño resumen de lo que pasa aquí durante este período. En invierno, además del frío y la nieve que pueda haber, lo que más puede molestar es la falta de horas de luz. Prácticamente se vive en noche constante. Dicen que a veces la nieve ayuda a que haya más claridad al tener las calles blancas, pero es algo que no llega hasta finales de diciembre o principios de enero. De todos modos, la luz del sol es necesaria porque al contacto con la piel facilita que generemos vitamina D, una de las vitaminas a las que menos se presta atención porque en países como España es muy complicado tener niveles descompensados. Más información sobre la vitamina.

Los noruegos suelen tomar aceite de hígado de bacalao o pastillas con omega3 para suplir esa falta durante el invierno.

Mi primer invierno en el país no noté absolutamente nada, todo fue a la perfección. Pero el segundo sí que noté algún que otro cambio de humor y cansancio generalizado.

Una teoría que barajo es que durante el primer invierno estuve siguiendo una dieta para entrenamiento de volumen en el gimnasio. El segundo, no.

Sin saberlo comí grandes cantidades de lácteos, huevos cocidos, salmón y atún entre otras cosas. Todo ello son fuentes bastante importantes de vitamina D.

Por lo tanto, como quiero volver a recuperar el peso que perdí durante los entrenamientos de la maratón, seguiré de nuevo la preciada “Dieta de volumen mágica” y comprobaremos si realmente afecta en algo a los niveles de vitamina D.

Mientras tanto, disfrutad con este vídeo de nuestros amigos los Fraguel Rock.