En otro de los pocos acercamientos que he tenido al Macizo Occidental de Picos de Europa, enclavado prácticamente en su totalidad dentro del Principado de Asturias, se demostraron varias cosas. La primera es que el mono de montaña puede hacerte andar más de la cuenta en ciertas ocasiones. Y la segunda, que 3 kilos menos de peso no parecen mucho, pero ayuda a subir más rápido algunos tramos.
Salimos del aparcamiento que hay en Pandecarme bastante prontito y con un fresco que te hacía andar más rápido de lo normal. Además notaba que el frescor mañanero me estaba afectando a mi catarro más de la cuenta. Siendo un poco escatológico, se podía decir que era una pequeña fuente de mocos en movimiento.
Pero una vez llegados a la Vega la Peña, el sol empezó a hacer aparición y los rayos de sol se agradecieron.

La Vega la Piedra, uno de los primeros paisajes que se pueden ver
Ya desde muy temprano, empezamos a ver la silueta de Torre Santa de Castilla, una vista a la que no estoy muy acostumbrado, porque siempre que la diviso es desde el Macizo Central. Tomamos la montaña como referencia, debíamos llegar hasta su base, aunque no subiríamos porque hacen falta conocimientos y equipo de escalada para hacerlo.

Al fondo, detrás del paisaje verde, la silueta de Torre Santa de Castilla
Llegando a Vegarredonda, hacemos la típica parada en los refugios a recargar agua y ver si hay alguien por allí. Al parecer los refugios están cerrados y no hay nadie, me parece un poco extraño que ni siquiera se deje la puerta abierta por si hay alguna emergencia. Hasta esta zona yo ya había ido antes, cuando estuve en el Mirador de Ordiales, pero esta vez la dirección era la opuesta a la de aquella vez.

Los dos refugios de Vegarredonda
Empezando la subida fuerte hacia Jou Santo por la Fragua me desmarco del resto del grupo, voy bastante ligero y así entro en calor, porque en toda esa zona da la sombra y no es una época en la que haga precisamente calor. Una vez pasado al otro lado del cordal, el sol calienta con ganas y me quedo un rato esperando al resto, tirado en una piedra, cual lagartija del desierto.

Vista de Torre Santa desde el Jou Santo
Una vez llegados a Jou Santo, ponemos rumbo al Boquete, donde hemos decidido que se va a comer por haber unas vistas impresionantes del Macizo Central. Siempre me han gustado estos momentos de descanso, bocata y charla, sobre todo teniendo buen tiempo y en un lugar tan increíble.

El Boquete, uno de los pasos de entrada al Cares desde el Macizo Occidental

Vista del Macizo Central y Caín
Después de comer y viendo que Caín no está tan lejos, algunos nos animamos a bajar hasta allá por la Canal de Mesones y luego hacer el recorrido del Cares hasta Poncebos. Un paseo bastante curioso. El grupo se separa y empezamos la bajada, con un desnivel bastante bestia como puede verse en el perfil al final del artículo. Pobres rodillas. Eso sí, algunas partes del camino bien merecen el esfuerzo. Bajar por esos sedos excavados en la roca con unas caídas imposibles, es algo que de verdad merece la pena.

Bajando por uno de los sedos de la Canal de Mesones
En menos de lo que esperábamos, llegamos a Caín y sin parar apenas, ponemos rumbo a Poncebos mientras empezaba a anochecer. Llegamos a destino casi sin luz, pero no hizo falta que sacase el frontal de la mochila. Fue una llegada con luz por los pelos.


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Tags: Montañismo, Personal, Rutas by Fernando Gómez
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