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Ruta: Longyearbyen – Larsbreen – Sarcofagen – Longyearsbreen

Otra ruta más en Svalbard, muy parecida a la anterior, salvo que esta vez nos acercamos a la cumbre del Sarcofagen, llamada así por su forma de sarcófago si se mira desde algunos puntos específicos.

Subida a Sarcofagen

Primera parte de la subida, igual que el día anterior

Este día yo me aburrí bastante, fue un paseo por el monte y encima por sitios en los que ya habíamos estado. Así que simplemente disfruté de la compañía y de las vistas.

Vista desde Sarcofagen

En la cima de Sarcofagen con vistas a Longyearbyen

Nada más llegar a la cumbre, el perro que iba con el guía se echó una siesta genial. Nunca hay que desaprovechar los momentos de descanso :)

Bruno echando la siesta

Nuestro amigo Bruno, el perro-guía

Bruno y yo

Un perro la mar de simpático

Y nada más que decir. La vuelta la hicimos por el glaciar Longyearsbreen, exactamente igual que el día anterior.

Mirada malvada

Mi “yo” maléfico maquinando planes malvados

Después de esta ruta tan light, nos quedamos con ganas de más y por la tarde aprovechamos a subir a una mina abandonada, que está cerca del albergue donde nos alojamos, supuestamente sin peligro de encontrar osos polares. Pero esa es otra historia.

Perfil de elevacion
Perfil de velocidad
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Foto del día (¡Que llueve!)

Arco iris desde la ventana de mi casa

Oslo visto desde la ventana de mi casa

Ruta: Longyearbyen – Larsbreen – Trollsteinen – Longyearsbreen

La ruta que hicimos el primer día que estuvimos en Svalbard fue la que más me gustó. Porque éramos un grupo pequeño, la dificultad era un poco más alta que el resto de rutas, el guía era un personaje muy curioso y el paisaje que vimos fue bastante increíble. Fue una lástima que el tiempo no acompañase y una vez en la cumbre no viésemos nada más.

Longyearbyen desde la subida

Panorámica “natural” de nieve y nubes durante la subida

Aunque puede parecer que estando tan al norte, debería haber nieve en todas partes y en todo momento, no es así. Toda la ciudad está despejada de nieve y es sólo en el momento que se empieza a ascender cuando ya se puede pisar.

La subida se hace por una lateral del glaciar Larsbreen, procurando evitarlo porque la masa de hielo que queda es bastante pequeña y frágil, gracias a nuestro amigo el calentamiento global.

Pero en fin, más adelante pisamos nieve, y bastante. La subida a la cima se hace prácticamente a derecho y sin duda lo mejor fue la bajada.

Tramo final a Trollsteinen

Subida infernal hasta la cresta del monte

Ya estando a la altura de la cumbre, la niebla nos envolvió por completo y dejamos de ver paisaje. Aunque estuvimos un buen rato esperando a ver si despejaba, el frío hizo que tuviésemos que bajar sin ver nada. El contraste de temperatura era bastante bestia, aunque solo salvamos unos 700 metros de desnivel, la diferencia de temperatura sería de unos 12 grados aproximadamente, llegando a estar bajo cero, de nuevo.

Cornisa cerca de cumbre

Caminando por la cornisa del Trollsteinen, bofetón asegurado a ambos lados

Mi pelo congelado

En la cumbre se me congeló el pelo

Durante la bajada, nuestro guía armado nos contó mil y una historias sobre la zona. Aclaro que para poder salir de la ciudad, es obligatorio llevar un arma por si se da el caso de encontrarse con un oso polar. No se suele dar el caso de haber encuentros hombre-oso, pero cuando los ha habido, ya os podéis imaginar quién salía perdiendo.

El guía con rifle

Nuestro guía con el rifle obligatorio cuando sales de la ciudad

Luz mágica en el valle

Luz mágica en el valle del glaciar de Longyearbyen

Para el descenso, tomamos la ruta más directa por encima del glaciar Longyearsbreen, donde ya empezaba a hacer más calorcito y el hielo estaba algo derretido. Se podía bajar corriendo sin patinar.

Bajando por el glaciar

Bajada corriendo por el glaciar

Resulta que en la parte más baja del glaciar hay un montón de piedras fósiles al descubierto. Por allí estuvimos un buen rato cogiendo algunas, eso sí, más pequeñas que las de la foto de debajo.

Fósiles en el glaciar

Piedra con cantidad de fósiles de hojas de árbol

Valle del glaciar

Valle del glaciar justo antes de llegar a la ciudad

Y con esto y un bizcocho, llegamos de vuelta a la “civilización” donde nos esperaba una ducha de agua caliente.

Perfil de elevacion
Perfil de velocidad
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Frisuelos

Los frisuelos (o fayuelos, o frixuelos) son un postre típico asturiano, que se suele comer en las fiestas de carnaval asturianas. Aunque por allí se suelen hacer con una forma parecida a las crêpes, yo siempre mantengo en mi cabeza la manera en la que los hace mi madre, del tamaño de medio billete aproximadamente. Y creo que nunca podré olvidar esos empachos a frisuelos por las mañanas, durante el desayuno :)

Frisuelos con miel

Así me quedaron a mí los frisuelos

Ingredientes:

  • 1 huevo
  • Una pizca de sal
  • 2 cucharadas de azúcar
  • Harina
  • Leche
  • Aceite

Preparación:

En un recipiente se bate el huevo y se echa la pizca de sal. Luego se echan las dos cucharadas de azúcar y finalmente se va añadiendo harina y leche según se vea. La pasta tiene que quedar como unas natillas pero algo más espesa. Así que habrá que confiar en nuestro buen criterio.

En una sartén se pone a calentar al máximo un dedo de aceite y cuando esté bien caliente se van echando cucharadas de la masa dentro del aceite. Cuando estén hechos por un lado se les da la vuelta. Hay que hacerlo más o menos rápido porque el aceite se puede llegar a quemar y dejaría un sabor algo raro.

Se van haciendo tandas como la anterior. Una vez fuera los frisuelos, queda muy bien espolvorear un poco de azúcar encima de ellos o echar un poco de miel.

¡A disfrutar se ha dicho!