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Gracias, capitalismo

Gracias, capitalismo. Por ser como eres y arroparnos en tus dulces brazos durante tanto tiempo. No tengo nada más que agradecimientos hacia tí por todas las cosas buenas que nos has impuesto.

Gracias, capitalismo. Por un estilo de vida egoísta en el que el “yo” es lo importante. Un “yo” que no tenga remordimientos a la hora de consumir por consumir, aunque sean cosas que no se necesiten, pero que nos has dicho que con ellas seremos más felices. Y lo somos. Te seguiremos haciendo caso sin dudar, porque al fin y al cabo, ¿cuándo nos has fallado?

Gracias, capitalismo. Tú tienes la verdad absoluta. Todo el mundo te venera porque eres el sistema menos malo según se comenta. Jamás se me ocurriría contrariarte, ¿cómo podría ir a contracorriente de tanta gente que te apoya en el planeta?

Gracias, capitalismo. Por haber hecho de nosotros la que dicen es la generación mejor preparada de cuantas ha parido España. Una lástima que nada más empezar en el mercado laboral hayamos tenido que vérnoslas con contratos basura, sueldos de risa y la generación de jefes más incompetentes que se haya visto jamás. Pero tú no has tenido nada que ver con ésto, ¿no?

Gracias, capitalismo. Por permitirnos conocer mundo al no darnos oportunidades decentes en nuestros lugares de origen. Menos mal que estabas tú ahí para que no nos estancásemos cerca de nuestras familias y amigos.

Gracias, capitalismo. Porque ahora la crisis nos dará la oportunidad de avanzar profesionalmente. Eso sí, tendremos que ser pacientes durante algunos meses hasta que las aguas vuelvan a su cauce y mientras tanto, permitir el todo-vale para salvar a las empresas de la bancarrota.

Ruta en bici: Akersbakken – Sagene – Grefsen – Grefsenkollen

La semana pasada me comentaron en la oficina que hay una carrera el 6 de junio en Oslo, en la que los participantes tienen que subir corriendo una colina de las afueras. Son solo 4,5 km, pero la cuestecita de marras se las debe traer. Mirando los precios de inscripción de la competición, veo que cuesta 250 coronas (casi 30 euros). Echando un vistazo triste a las telarañas de mi cartera, llego a la conclusión de no merecer la pena semejante despilfarro de dinero. Con eso me da como para tomar 4 cervezas noruegas. La vida es cuestión de prioridades.

Pero como me pica la curiosidad por ver sitios diferentes de Oslo, no pierdo la oportunidad de ir con la bici hasta la cima de la colina después del trabajo y disfrutar de las vistas. Al fin y al cabo, ya han pasado muchos meses desde aquella épica subida a Holmenkollen en la que casi dejo las tripas y el cuerpo necesita un pequeño sobre-esfuerzo de vez en cuando.

El cielo amenazaba lluvia durante todo el día, pero eso no iba a echarme atrás.

La subida empieza en el barrio de Grefsen, una zona residencial de Oslo que me gustó bastante. Es una lástima que esté tan lejos del centro, sino sería un sitio ideal para vivir.

Vista desde Grefsenkollen

Oslo visto desde Grefsenkollen

Es cierto que la subida es durísima, con un desnivel brutal y tramos en los que casi iba parado con la bici, pero no me pareció tan bestia la idea de hacerlo corriendo.

Una vez en la parte más alta y chorreando sudor hasta por las uñas, descansé admirando las vistas. Tengo que volver un día soleado porque tiene que ser impresionante la vista del fiordo.

Grefsenkollen desde Grefsen

Colina de Grefsenkollen

La bajada la disfruté como un enano. No me crucé ningún coche y en alguna recta llegué a 42km/h y eso que tenía el viento de cara. Por cierto, tengo que conseguirme un casco porque si algún día me caigo, me mato (mensaje para papá y mamá: exagero un poco para darle emoción a ésto :D )

Al llegar de nuevo a Grefsen tomé un camino distinto, al lado del río. Me encantó ese tramo, parecía que estaba a kilómetros de la civilización aun dentro de Oslo.

Río Akerselva

Aunque no lo parezca, este es el río de Oslo: Akerselva

No todo iba a salirme bien, porque poco antes de llegar a casa, empezó a llover como no está escrito. Consiguiendo de esta manera un nuevo e inseparable amigo para el fin de semana: el pañuelo moquero.

Perfil de elevacion
Perfil de velocidad
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Sobre lo que teníamos y lo que tenemos

Copio y pego un extracto de este artículo que me ha encantado sobre la historia de los sindicatos españoles.

Lo que ahora reconoce “Financial Times” podemos extraer lo siguiente: Es triste, para quienes lucharon contra el sindicalismo de Franco, tener que reconocer que, en 1976, los derechos individuales de los trabajadores estaban definidos y asegurados aunque haya quienes se escandalicen con el recuerdo de la verdad.

- En 1976 había 600.000 parados y treinta años después, tres millones.

- En 1976 todos los contratos eran fijos, y treinta años después la mayoría eran temporales.

- En 1976 los derechos eran consolidados y treinta años después, en gran medida, de lo que se pactase en convenio colectivo, negociado siempre a partir de cero.

- En 1976 el plus de antigüedad, como reconocimiento de los años de servicio, estaba garantizado, legalmente, con una revisión automática de la retribución salarial, pero treinta años después ha ido desapareciendo o se mantiene, en precario, en cierto número de convenios colectivos.

- En 1976 se mantenía el derecho de participación en el beneficio, aplicado provisionalmente mediante una paga extraordinaria a expensas de su regulación definitiva. Treinta años después había desaparecido esa paga con carácter casi general o había cambiado de denominación.

- En 1976 aún estaba vigente el artículo 35 de la Ley de Relaciones Laborales por el que se impedía el despido arbitrario de un trabajador. Treinta años después, por causas objetivas o por necesidades técnicas, organizativas o de producción, se puede despedir, individual o colectivamente, a los trabajadores.

- En 1976, la Universidades Laborales promocionaban profesionalmente a miles de trabajadores jóvenes; las residencias de Educación y Descanso estaban abiertas a todos y no solo, casi en exclusiva, a los afiliados a Comisiones Obreras y UGT; muchas empresas tenían la obligación de construir viviendas para su personal y economatos para economizar los costos de la alimentación.

Aunque duela, es cierto que se han perdido todos estos avances en materia de trabajo. Pero es lo que tiene el engendro de sistema de gobierno con el que nos ha tocado vivir. A medio camino entre la dictadura y la democracia.

Si de 32 años de esta cosa, hemos tenido 19 (es decir, el 60%) en los que había (hay) un gobierno mal llamado socialista y mal llamado obrero, ¿cómo se explica que hayamos perdido tantos beneficios? Si alguien no me lo explica, que paren el carro que yo me apeo.

Así que por favor, dejen de pensar que somos burgueses o clase media. Somos los curritos de siempre a los que nos hacen creer que somos algo más y que trabajar es bueno para el espíritu.

Trabajar (dentro de esta definición no entra ser explotado), es bueno para el espíritu. Y sin duda, somos mucho más de lo que somos.

Oxígeno

Ruta: Puente Poncebos – Caín: Ruta del Cares

Desafío Cantabria vs Noruega miniBueno, me toca poner ruta.

El plan inicial que me planteaban durante la semana no sonaba nada mal. Subir por un camino paralelo a la ruta del Cares, llegar hasta la canal de Amuesa, torcer hacia Bulnes cerca de Cabrones y volver a Puente Poncebos. Total unas 6 horas de marcha.

Cuando oí el tiempo estimado casi me da un cortocircuito cerebral, porque por lo poco que conozco la zona sé que eso no se hace en 6 horas ni drogado. Pero sinceramente me importa bien poco dónde y como sea una ruta. Mientras sea subir a la montaña todo me vale.

Llegamos el sábado a las 8:30 de la mañana y aparcamos casi en el inicio de la ruta del Cares. En los 10 minutos que tardamos en prepararnos se formó una cola de coches aparcados de unos 200 metros. Así que se puede decir que llegamos en el momento justo.

Inicio de la ruta: Desde Puente Poncebos empiezo a tirar por el camino del río. Pobre iluso de mi. Me para el compañero y me dice que de eso nada, que tire para arriba por la ruta del Cares, cual dominguero. Así que como represalia le llevé casi corriendo, a mi nadie me mete por rutas de domingueros sin represalias.

Por el camino del Cares hay que seguir hasta el Puente Bolín, y pasados unos 50 metros encontraremos la subida hacia La Tranvia. Si llegáis al Puente de los Rebecos sin haber encontrado la subida es que os habéis pasado de largo ;-) Como hay intención de volver por allí otro día, ya haré una foto del inicio y os la pongo.

Bueno, aquí empieza la aventura de perdición. Subiendo por La Tranvia deberíamos haber ido hacia El Pardo, sin llegar a pasar por encima del Puente de los Rebecos, y he de reconocer que nos lo pasamos bastante bien gritando desde las alturas a los domingueros que pasaban por dicho puente. Creo que la emoción no nos dejó pensar que ya estábamos en el lugar incorrecto.

Un buen rato después y después de consultar varias veces el mapa en papel de Adrados, los gps se negaban a funcionar bien en esa zona, empezamos a sospechar que debíamos estar en el sitio incorrecto. No éramos capaces de reconocer los contornos que veíamos con los del mapa, y extrapolando un poco y teniendo en cuenta que la siguiente canal ya la conocía de haberla subido el año anterior, la Canal de Dobresengos, pues calculé que nos habíamos pasado por un kilómetros más o menos. Por suerte en ese momento vislumbramos a un viejuno que estaba en lo alto de la canal en la que nos encontrábamos, así que seguimos subiendo hacia él.

Hablando con él nos dijo que no íbamos a llegar a Amuesa ni locos, que él llegaba en 6 horas, y que si además queríamos volver a Puente Poncebos por Bulnes eso eran otras tres horas, y teniendo en cuenta que ya era mediodía, pues la cosa se complicaba. Así que le pregunté si desde allí se podía pasar a la Canal de  Dobresengos y tirar para Caín, a lo que respondió que ya nos llevaba él. Parece ser que el hombre estaba aburrido.

Tuvimos que deshacer una parte del camino, pero nos desviamos por un camino cerrado por las zarzas hacia Dobresengos y una vez en Dobresengos, en vez de ir por el camino de domingueros, subimos por el camino de los antiguos, o así lo llamó el viejuno. Una vez en Caín, comer y vuelta por la ruta de domingueros hasta Puente Poncebos.

amuesafail

Recorte del mapa de Adrados

El mapa que os pongo es un recorte de por dónde íbamos a ir hasta la canal de Amuesa [la línea naranja], por dónde fuimos realmente [la línea azul] y por dónde nos llevó el viejuno [la línea morada].

Conclusiones:

- Odio el Cares.

- El viejuno me enseñó a reconocer caminos abandonados.

- El gps no vale de nada en canales pronunciadas [ver track... o mejor no verlo :D ].

- Las botas me hacen daño. Mucho.

Descargar track [demostración de gps loco]

Ruta: Stryken – Kongsvangsskog – Elneshøgda – Tømtehytta – Hammeren

Desafío Cantabria vs Noruega miniEstreno la sección de Desafío Cantabria vs Noruega con esta ruta, que aunque no es muy técnica comparada con las que se pondrán (esperemos por el bien de está sección que así sea), sí que hace falta tener muchas ganas de andar y andar sin parar para recorrer los casi 27km que tiene. Ha sido la vez que más kilómetros he recorrido en un solo día.

Pasé por tres condados (Oppland, Akershus y Oslo) y aunque mi intención inicial era adentrarme más en el bosque, fui bastante pegado a la zona civilizada al este del mismo.

Empecé a andar en Stryken, un pequeño pueblecito al norte de Oslo al que llegué en tren a las 10:30 aproximadamente. Me asusté bastante porque justo en la parada anterior, se bajó un montón de gente con mochilas enormes, como para pasar más de un día en Oslomarka. Mientras que en mi parada, la mayoría era gente en bicicleta.

No pasa nada, – me dije – si tengo que quedarme a dormir debajo de un árbol, me quedo. Había sido previsor y tenía el saco en la mochila por si las moscas.

Pista cerca de Stryken

La pista por la que empecé la ruta

El comienzo discurre por una pista bastante amplia que no me gustó demasiado. Estaba dando un paseillo por el campo y yo quería algo más de emoción. En cuanto vi la primera bifurcación un poco más complicada, me metí en ella de cabeza. Quién me iba a decir que unas horas más tarde, iba a echar de menos la pista.

Camino con hitos

Camino por el bosque marcado solo por hitos

Sin comerlo ni beberlo, estaba a punto de hacer mi primera cumbre en Noruega, el monte Elneshøgda, de 429m de altura. El camino ni siquiera llegaba a la cima, tuve que salir de él para hacer la foto de rigor con el extraño artefacto extraterrestre que coronaba el lugar.

Cumbre del Elneshøgda

Cumbre del monte Elneshøgda (429m)

En buena hora se me ocurrió hacer eso. Me perdí y no era capaz de retomar el camino por querer atajar, así que me vi atravesando el bosque a derecho, por encima de arbustos, paquetes de nieve en los que me hundía hasta la rodilla y pequeñas marismas llenas de barro. Si no tengo alguna garrapata encima, es que me he hecho inmune.

Llegando a una zona abierta en la que daba bastante sol, decidí montar el campamento base y devorar el lomo ibérico que tengo guardado para ocasiones especiales :D Se estaba tan a gusto tirado en la hierba, que me quedé dormido un buen rato. Me desperté sobresaltado con la impresión de haber perdido mucho tiempo y no poder llegar a Oslo.

Lago descongelado con marcas de esquí

Sobre este lago pasé varias veces este invierno

Continué la marcha por pleno bosque, en dirección a Tømtehytta, una cabin de la DNT de las que puedes pedir la llave para entrar y usar a tu antojo.

Vistas cerca de Tømtehytta

Espectacular vista desde un lugar cercano a Tømtehytta

Mi plan inicial era ir a Sognsvann a través de Ullevålseter, en la tan conocida ruta que ya me sé de memoria. Lo malo es que para llegar a esa zona, había una colina tras otra y ninguna depresión por la que pasar, además de no ver ningún camino en esa dirección.

Foto en la nieve

El sitio me pareció bonito para hacer una foto, pero salió hecha un churro

Seguí yendo hacia el sur y más hacia el sur. Veía carteles de Skar, un pequeño pueblecito en el que aparecí hace unos meses después de esquiar durante todo el día. Estaba ya cansado y sabía cómo volver a Oslo desde allí. Pero, mi gozo se fue al famoso pozo. Desemboqué en una carretera en la que había un autobús que iba en dirección contraria a donde yo quería ir. Aquí es donde eché de menos la pista de por la mañana, odio andar por carretera y me metí entre pecho y espalda unos 7 kilómetros para despedir el día, hasta que encontré una parada de bus que me venía bien, en Hammeren.

Me senté en la parada a esperar el autobús que tardaba siglos… y siglos… y siglos… Y me volví a quedar dormido. Al abrir los ojos estaba rodeado de gente y se veía venir el autobús a lo lejos. Vaya suerte que tuve…

¡Te toca Fermín!

Perfil de elevacion
Perfil de velocidad
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