Después de la receta de las orejuelas, vuelvo con un nuevo dulce que siempre me ha encantado y mi madre suele hacer cuando alguien cumple años. Es bastante fácil de hacer. Lo único complicado es encontrar el punto perfecto a la pasta de chocolate; ni muy espesa, ni muy líquida.
Ingredientes:
2 yemas de huevo
azúcar
mantequilla
chocolate puro
leche
galletas (a ser posible rectangulares)
Preparación:
Se derrite el chocolate a fuego lento. La cantidad variará dependiendo del tamaño de la tarta. Yo en esta ocasión he usado 400 gramos de chocolate puro. Para ayudar a que se deshaga sin que se queme, hay que echar un chorrito de leche de vez en cuando, además ayuda a que el chocolate quede menos espeso. Una vez derretido, dejar enfriar a temperatura ambiente.
Una vez dejado enfriar, hay que hacer la pasta de chocolate. Se mezclan bien las dos yemas de huevo con un par de cucharadas de azúcar. Se añaden unos 400 gramos de mantequilla (que deberá estar a temperatura ambiente para que sea más fácil de mezclar). Se mezcla con el chocolate derretido hasta que quede una masa uniforme. Se puede añadir más azúcar al gusto.
A partir de este momento hay que buscar el espesor adecuado añadiendo mantequilla poco a poco y mezclando muy bien. No hay que pasarse con la mantequilla o puede quedar demasiado líquida y desparramarse por toda la tarta.
Para la parte final hay que tener preparado un bol con agua tibia azucarada. En una bandeja se va poniendo una capa de galletas empapadas en el agua y luego otra de chocolate. Lo ideal es que se vaya cambiando la posición de las galletas en cada capa para que sea más consistente. Para acabar, se recubre la tarta por completo de chocolate.
Así me quedó a mí la tarta
Como adorno se puede hacer un merengue con las claras de huevo para la parte superior de la tarta.
Como ya anticipé en el post anterior, no podía dejar pasar la ocasión de ir el último día a esquiar. Sabía que la nieve no iba a ser tan perfecta como la que habíamos tenido durante el invierno. Pero esta vez se trataba de despedir la temporada de esquí de una vez por todas.
Como puede verse, todavía estaban marcadas las guías
No tuvimos oportunidad de hacer mucha virguería, yo iba con miedo por todo el tiempo que no me había puesto los esquíes y la nieve no era la mejor para caerse.
Puede verse la cantidad de porquería que había encima de la nieve
Cuando llegamos a la zona donde la nieve desaparecía casi por completo, tocó dar media vuelta y volver al mismo sitio.
Aquí tuvimos que dar la vuelta, ya no se podía avanzar más
En la vuelta comimos unos bocatas que sentaron genial, sobre todo con el solecito que pegaba, y es que ya va haciendo un tiempo buenísimo. Parece mentira que hace nada Oslo estaba sepultada bajo la nieve.
Creo que puedo dar por acabada la primera parte de mis objetivos montañeros con un resultado bastante bueno. Podía haber sido mejor si no hubiese estado casi dos semanas enfermo, después de las cuales acabé hecho un trapo.
Ahora toca empezar una pequeña temporada intermedia en la que estoy algo descolocado. No sé muy bien si empezar a ir a alta montaña para conocer el terreno, si apuntarme a actividades con el grupo de montaña de Oslo o disfrutar del buen tiempo que parece que nos está haciendo estos días.
Creyendo que iba a hacer mejor tiempo, madrugué para aprovechar el día. Tenía botas nuevas que estrenar y como un niño con zapatos nuevos me largué a Oslomarka. Me imaginaba que habría nieve en algunos tramos, la poca que quedase, así que ideal para probar las botas en varias condiciones.
El lago Sognsvann; hace no mucho he cruzado por encima de él
La nieve que había, era hielo de pescadería (término acuñado por Rigo ) pero con el calor que hace últimamente era perfecta para esquiar. Lástima que solo había en tramos muy contados.
Homenaje al hielo de pescadería
Seguí admirando el paisaje mientras avanzaba. Es curioso pero aunque he hecho mil veces este mismo camino, había zonas que me costaba reconocer. Cuestión de ir con un montón de nieve y de noche
Un pato rompehielos haciendo su trabajo
Incluso la famosa cuesta en la que tantos piñazos me dí bajando, parecía otra. Aunque en la foto parezca que está perfecta para esquiar, se puede ver un enorme bache en la parte baja en el que no hay nieve.
La maldita cuesta anterior a Ullevålseter, qué recuerdos
Cada vez que veía unos cuantos metros de camino con las marcas de los esquíes, se me ponían los dientes largos. Hacía más de un mes que no hacía fondo y no había podido despedir la nieve como $DEITY manda.
Todavía quedaban tramos con guías para esquí
Paisaje primaveral
Hasta que llegue a un punto en el que vi a un esquiador. ¡Cagontó! Si el podía yo también.
Esquiador solitario, parece mentira que estemos en la segunda quincena de abril
Desde donde vi al esquiador hasta el final de la ruta, había nieve más o menos constante. Por lo que tomé la decisión de, al día siguiente, coger los esquíes y venir a despedir la temporada de invierno.
Descanso con panorámica de Oslomarka
Con la tontería me metí más de 16km, todos de subida, muy suave, pero subida al fin y al cabo. Y para compensar fui bastante rápido.
Como ya adelanté en el post anterior, he pasado la Semana Santa en Islandia, teniendo como base Reykjavík para todos los viajes que se hicieron.
Lo primero que hicimos nada más llegar fue ir directos a la Laguna Azul y pasar toda la tarde chapoteando en el agua y poniéndonos mascarillas de sílice en la cara.
La entrada al balneario ya promete
El lugar parece sacado de una película de ciencia ficción, con el color de la laguna, los vapores, el propio paisaje volcánico que la rodea y la central geotérmica que está al lado…
Al final de la tarde ya sólo quedábamos nosotros, arrugados como uvas pasas
Ese día ya no dió para más, que no fue poco. Al día siguiente visitamos Reykjavík, reservamos la actividad del día siguiente al famoso Golden Circle, alquilamos el coche para el sábado y nos fuimos a alta mar a intentar ver ballenas. Solo vimos delfines pero menos da una piedra. Intentaré escribir un post sobre la capital y el viaje en barco porque sino éste se va a hacer eterno.
El día empezó con una parada en la central geotérmica de Nesjavellir, la cual da energía a toda la zona de Reykjavík, además de calefacción para las casas y agua caliente directa.
Los vapores de la central geotérmica de Nesjavellir
A continuación tocaba disfrutar de la naturaleza de Islandia, con la cascada de Gullfoss y los géiseres cercanos a la localidad de Geysir que da nombre a estos curiosos fenómenos.
Las tremendas cataratas de Gullfoss en las que todavía quedaba algo de nieve
Como último lugar visitado, queda Þingvellir, una zona bastante mágica en la que se fundó el parlamento más antiguo del mundo. El valle tiene en uno de sus costados, la zona más clara en la que se distingue la unión de las dos placas americana y europea. Un paisaje con grietas y un aspecto marciano bordean el lago más grande de toda Islandia, el Þingvallavatn.
El suelo agrietado no podía ser más raro
Al pasar de un lado a otro de la grieta, puede decirse que se pasa de Europa a América.
La parte más clara de la grieta
El sábado fue el día que mejor me lo pasé. El coche nos daba una libertad que no teníamos con la visita guiada, aunque está claro que no conoceríamos toda la información de los lugares que visitábamos. Pero tocaba disfrutar de los paisajes de Islandia, sus cascadas, playas, montañas y glaciares.
La cascada de Skógafoss
En la foto anterior, no encontré al Leprechaun con la olla de oro al final del arco iris que cuenta la mitología irlandesa. Puede que hasta los seres mitológicos estén en crisis
Recorrimos casi toda la costa sureste de Islandia hasta el pequeño pueblo de Vík, el más meridional de la isla. Por esa zona suele haber colonias de frailecillos, pero es demasiado pronto para poder verlos. Otra vez será.
En cambio pudimos ver playas de arena negra, debido a que están en zona volcánica, y formaciones rocosas muy curiosas.
Lástima de viento que no nos dejaba darnos un bañito
De nuevo la playa con las rocas Reynisdrangar
De nuevo las rocas Reynisdrangar y unas piedras basálticas curiosísimas
Tomando el sol en un lugar curioso
Como seguíamos queriendo ver frailecillos, fuimos hacia una isla famosa por tener una colonia en ella (Dyrhólaey), sin saber que podríamos llegar con el coche hasta allí. Han construido una carretera de piedra que la une con tierra firme sin ningún tipo de respeto por el medio ambiente.
Aun así, la vista es espectacular
Seguimos sin ver frailecillos, parece ser que no han empezado la migración. Pero de nuevo, a disfrutar de las vistas.
Cada vez nos alejábamos más de Reynisdrangar
La última parada se hizo en el glaciarMýrdalsjökull, que cubre el cráter de un volcán de unos 10km de diámetro.
Vista de una de las lenguas del glaciar
El valle de Mýrdalsjökull
Nos atrevimos a subir al comienzo de la lengua
Para terminar el día, cena de langosta en Stokkseyri, en un restaurante muy cuco y bastante barato.
La mañana del domingo, último día en el país, terminamos de ver unos cuantos lugares que nos quedaban de Reykjavík, como la playa geotermal Nauthólsvík.
Todo esto se llena de agua calentita en verano
Islandia es un país que me ha sorprendido. No puedo decir que sea el más bonito del mundo, pero me ha dado la impresión de estar muy poco manipulado por la mano del hombre. Lo cual es algo bueno
Hace unas cuantas semanas que no escribo frecuentemente. Aunque he publicado un post deprisa y corriendo para no dejar esto abandonado del todo, el listón ha bajado bastante. Esta vez tengo excusa, así que aprovecho para contar por encima lo que ha pasado en este tiempo.
Justo al acabar el fin de semana en el que me visitaron los becarios de Informática de varias ciudades y fuimos a hacer esquí alpino a Lillehammer, me empecé a encontrar mal. Fui empeorando cada vez más, hasta que después de una noche horrible con más de 40 de fiebre, fui al médico y estuve 10 días drogado a base de tortillas de antibióticos y paracetamol. Primer premio: infección bacteriana en las amígdalas. Anginas.
No sé dónde lo pillaría, pero haber estado la semana anterior con un amago de gripe y ese mismo puente pasarlo apenas sin dormir, esquiando, yendo a tirarme en trineo a Korketrekkeren y saliendo de fiesta, no ayudó nada de nada.
Mis planes para empezar el entrenamiento de fondo físico en estas fechas se han ido un poco al traste. La forma que había cogido entre el gimnasio y el esquí de fondo me había dejado en buenas condiciones, pero ahora tengo que empezar casi desde el principio. Aunque esto no va a detenerme ni mucho menos. Pienso intentar subir las 20 montañas más altas de Noruega aprovechando que están casi todas muy cerca y en un solo día puedo hacer varias cumbres.
Durante este tiempo también he aprovechado para avanzar un poco más con el esquí alpino. Ya puede decirse que sé esquí básico
Otra de las cosas malas que me han pasado en este tiempo, ha sido que me han chorizado la bici. Tenaza a la cadena y adiós muy buenas. Me fastidia porque acababa de sacarla de la cueva la semana pasada aprovechando que ya hace mejor tiempo. Ya no podré disfrutarla.
Y sin más, hoy me voy a Islandia, a pasar la Semana Santa conociendo ese extraño país. Y también relajándome un poco, qué narices
Aprovechando la visita de los becarios de Informática de Bruselas, Roma y Ankara, fuimos a la sede olímpica del 94 (Lillehammer), y una de las pistas de esquí alpino más populares de Noruega (Hafjell).
Pista de esquí alpino en Lillehammer
Era la primera vez que practicaba el alpino, aunque la teoría dice que el equilibrio del de fondo, ya lo tengo. De la teoría a la práctica va un rato, así que unas cuantas buenas piñas sí que cayeron, pero menos de las que esperaba, la verdad.
Parece que controlo, ¿eh?
Acabamos todos destrozados, pero mereció la pena el madrugón a las 5:30 de la mañana y la carrerita matutina para coger el tren una hora más tarde.