Como punto y aparte a esta temporada montañera en Picos, qué mejor ascensión que la de subir a la montaña más alta de Cantabria, Peña Vieja. Una cumbre que apetece hacer después de todos los fracasos de la serie “Misión en Picos“, una manera de desquitarse de las adversidades de la montaña. Además, por si no fuese suficiente desquite, se añade otra cumbre más, la del Pico Tesorero, uno de los mejor enclavados en el Macizo Central y que ya se nos había resistido en un par de ocasiones anteriormente.
La ventaja de subir en el teleférico y ahorrarte un desnivel muy fuerte hace que se coja con ánimos hacer esas dos cumbres y empezar a andar desde El Cable es una ventaja tremenda. Lástima que se haya convertido en un negocio demasiado lucrativo y caro, en el que se explota a los pobres domingueros y también a los montañeros de verdad.
Empezando ya con la descripción de la ruta, recomendaré madrugar para coger los primeros teleféricos, antes de las 10 de la mañana. A partir de esa hora la cola que se forma hace que pierdas muchísimo tiempo. Una vez en El Cable el camino discurre por la ruta normal hacia Horcados Rojos hasta que se llega a un desvío bastante bien señalizado casi a los pies de los Picos de Santa Ana. No hay excesiva dificultad hasta que se llega a la parte final del recorrido, en la que hay algún paso complicado y las marcas del camino se pierden con facilidad.
Peña Vieja, el punto más alto de Cantabria
Esta es la parte más fácil de la ascensión, luego se complica
Ya en cumbre y con la mala suerte de pillar algo de niebla en las zonas más bajas, decidimos ir al Tesorero, era pronto y todavía estábamos frescos, así que sin más demora bajamos de nuevo por el mismo camino hasta el cruce indicado antes. En él hay que seguir la ruta normal hacia Horcados Rojos y una vez allí, ir hacia la izquierda para seguir la línea de hitos al Tesorero.
El Naranjo no dejaba pasar las nubes hacia nosotros
También se complica en el tramo final el seguir los hitos. Tuvimos la mala suerte de ver a lo lejos el hito del camino que va por la cara este, mucho más empinado que el normal y fuimos de cabeza a por él. Trepamos en algunos sitios y sobre todo nos costó salvar la trepada final hacia la cumbre.
¿Locuras? Las justas
Vía equivocada hacia la cumbre, teníamos que haber ido más a la derecha
A veces descubres fauna desconocida, aquí la lapa de monte anaranjada
Pero el esfuerzo mereció la pena, muy pocas cosas sientan tan bien como comer un bocadillo en la cumbre de una montaña con unas vistas tan impresionantes como las del Tesorero, aunque tengas que ver a recientes enemigos como el Torre Cerredo, pico que intentaré encumbrar en cuanto tenga la más mínima oportunidad.
Torre Cerredo desde el Tesorero, volveré a por él
La bajada hacia El Cable se hace por un desvío bastante claro descendiendo del Tesorero por la normal, que lleva a Cabaña Verónica siguiente la línea de hitos correspondiente y luego volviendo a unirse a la vía principal de Horcados Rojos.
Bajando a El Cable las nubes ya estaban completamente metidas encima de Peña Vieja
La suerte nos acompañó ese día porque después de bajar de las cumbres en las que estuvimos, la niebla las tapaba constantemente y no dejaba ver nada. Ya podían salir todas las excursiones tan bien como ésta
Volviendo del gimnasio (sí, al fin lo he conseguido), iba pensando en mis cosas como casi siempre que voy andando solo por ahí y volví a tener una sensación de independencia que hacía bastante que no sentía, concretamente desde que estuve viviendo en Lieja. No había sentido eso durante la primera semana aquí, así que creo que ya estoy más o menos acostumbrado a mi nueva etapa.
Esta vez el cambio está siendo menos radical, poco a poco voy haciendo las cosas que me gustan, como viajar o hacer actividades distintas. Espero poder hacer lo que no hice en casa, hacer mis primeros pinitos en escalada para poder ir a Noruega y hacer escalada en hielo.
Volviendo al tema de mi independencia, aunque ya de por sí creo que soy bastante autónomo, me gusta serlo aún más, siempre por temporadas cortitas o no tan cortas. No necesito estar rodeado de gente que me comprenda, porque a veces ni yo mismo me entiendo. Me encanta empezar de cero en otro sitio distinto, hacer amigos nuevos y buscarme la vida. También tiene su peligro, sé de gente que lleva varios años haciendo eso mismo y al final acaban cansándose, de no tener un lugar fijo y sí amistades volátiles que normalmente acaban yéndose a otros países.
Además de independencia, he notado otra cosa que no sé muy bien explicar, pero me gusta, mucho más que el sentimiento de no saber dónde me estoy metiendo que tuve justo antes de venir a Madrid. La explicación corta sería algo así como saber que empezaré una nueva aventura y ansia por conocer lo siguiente que va a pasar.
Estoy loco por ir a Oslo y que todo recomience de verdad.
Ya llevo una semana en Madrid, se me ha pasado bastante rápida teniendo en cuenta que la monotonía está ahí presente todo el rato. Un día normal aquí pasa por levantarse a las 8 de la mañana aproximadamente, desayunar y el resto del día estar encerrado en el edificio Regus con el curso de informática de la beca.
La verdad es que es bastante útil. Si se quiere, se pueden aprender infinidad de cosas, pero está todo tan comprimido en tan poco espacio de tiempo que acabas con la cabeza como un bombo. El jueves, hemos estado el día completo con Windows 2003 y yo no podía más. Además hay que decir que si realmente luego eso nos sirviese de algo en la oficina… me sorprendería.
En cuanto a la vida fuera del curso, se agradece romper la monotonía saliendo a correr algún día o echando pachanga de futbol con los otros becarios. Todavía estoy pendiente que me llamen del gimnasio al que fuí el otro día. Se supone que puedo ir a cualquier Body Factory de España al estar inscrito en el de Santander, pero me pusieron pegas en el de Arcentales, dijeron que me llamarían cuando se supiese algo pero sigo sin saber nada. El caso es dar problemas a lo tonto, sobre todo cuando no tienes ni idea de lo que hablas.
Sobre mi estancia en Noruega, todavía no me he hecho a la idea de ir allí, estoy exactamente igual que cuando fuí a Bélgica y no creo que me percate de todo hasta que realmente llegue a Oslo y pasen unos días. No tengo piso aunque confío que pueda coger algo con otros becarios, tal vez esta residencia de estudiantes mientras se busca un piso para el resto del tiempo de estancia.
Y ya vamos con la última parte de la serie (1, 2 y 3). Como ya adelantaba en el post anterior, tanto la extensión como las fotos que pongo van decreciendo porque el ánimo y el tiempo no permitían hacer mucho más.
El descenso desde Collado Jermoso desde el Argayo Congosto lo hicimos entre niebla, así que no pudimos disfrutar del paisaje. Hay que ver el lado positivo y decir que se agradeció no tener un sol abrasador encima nuestro. En cuanto a la dificultad del descenso, no es excesivamente grande salvo un par de tramos. Yo siempre tuve algo de miedo al argayo por cómo lo describía otra gente, pero no es tan complicado, además está perfectamente marcado.
La Vega de Asotín, aquí dejamos atrás la niebla
El tramo desde la Vega de Asotín hasta Cordiñanes es muy bonito, hay un cambio radical con respecto a lo que llevábamos viendo esos días. Pasamos entre bosques, vegetación y cornisas muy aéreas.
El camino para bajar a Cordiñanes está casi a la altura del de Collado Jermoso
Aunque todavía teníamos que ir a Caín, Cordiñanes era la vuelta a la civilización
Cordiñanes fue el retorno al mundo normal, vale que ya teníamos ganas de volver, pero te quedas con la sensación de repetir la aventura.
Salir de Caín con el coche un viernes por la tarde fue un caos, todo el mundo quería entrar y nosotros salir. Picos ya nos había dado todo lo que pedíamos.
Me hace gracia que en la salida de Cordiñanes, unos domingueros decían a otros en el Mirador del Tombo: “Parad un rato a echar un vistazo que merece la pena“. Puede que para ellos mereciese la pena ver el río Cares desde un poco de altura, pero las cosas que nosotros habíamos visto superaban con creces aquello.
La sensación después de acabar esta aventura es la de repetir. Repetir con la experiencia de saber a lo que te enfrentas mejor, saber preparar la mochila mejor y sobre todo racionar las fuerzas para no darlo todo el primer día. Volveré de nuevo y será aún mejor.
No voy a ser yo menos que nadie y voy a opinar también sobre el temita de marras. Y parece que ahora que estoy viviendo en Madrid tengo aún más ganas.
Ya hablé hace tiempo sobre alguna cosa que me parecía mal de la prensa, pero lo del avión estrellado y el circo mediático que se ha montado es la gota que colma el vaso. Pensándolo mejor, paso de hablar de ellos, paso de echar leña al fuego como hacen ellos, de meter el dedo en la herida. Y en vez de eso, voy a optar por poner un enlace a un post que refleja aproximadamente lo que opino y que dice verdades como puños.
¿Ven como no es tan difícil, señores periodistas? Sólo hay que buscar cosas decentes y enseñárselas al resto del mundo, no hace falta inventar nada para rellenar telediarios.