Ruta: Vidrieros – Curavacas

Gran día para hacer montaña, con un cielo azul limpio de verano. Y al hacer tan bueno, lo ideal es madrugar para que el sol fuerte de las 11 o 12 no te pille en mitad de la pedrera. Todavía no comprendo muy bien a la gente que subía cuando nosotros ya bajábamos, pero todas las veces que he ido al Curavacas, siempre hay rezagados. Supongo que la mitad no lleguen a la cima, porque para hacerlo hay que tener una moral de hierro, y entre el sol, la pendiente y los locos que bajan corriendo cuando ellos suben con la lengua fuera, no creo que les anime demasiado.

Nuestro objetivo desde la pista que sale de Vidrieros

El primer tramo parece de chiste comparado con el resto de la ruta, salvo un trozo en el que hay unas piedras muy grandes en mitad del camino que hay que sortear, la llegada a la base del Curavacas no es nada complicada. Estamos ante una ruta muy engañosa, porque normalmente se sube a la cima en un par de horas y media, así que realmente se puede hacer en una mañana la ida y vuelta. El problema es que, en esas dos horas y media de ascensión, hay un desnivel de más de 1.000 metros, por lo que os podéis hacer una idea de la pendiente, que transcurre en su mayoría por pedregal y en la que hay algunos momentos de trepada.

Por aquí se sube al pico y todavía queda un tramo parecido hasta la cima.

No cabe duda que es una ascensión dura en la que no sube cualquiera y mucha gente da media vuelta. Unos cuantos del Grupo de Montaña Corvera, que subían ese mismo día, así lo hicieron. Aun así, las vistas al llegar a la cumbre merecen la pena.

La pirámide casi perfecta del Espigüete destaca entre el resto

El Embalse de Camporredondo, cerca de Cardaño de Abajo

Lo más divertido de todo, es sin duda la bajada. La piedra pequeña y suelta permite bajar corriendo y dando saltos, amortiguando la caída. Mucha gente baja normalmente cuando eso es de lo peor que se puede hacer, porque se cargan las rodillas en exceso. Aun así se suelen sorprender cuando ven a alguien bajar dando saltos, entre una nube de polvo y haciendo desprenderse piedras. Pongo un par de vídeos de la bajada pero he de reconocer que se ven mejor en formato original, sobre todo porque en una ventanita tan pequeña el movimiento de la cámara es brutal.

Subir el Curavacas se ha convertido en una tradición, prácticamente lo subo una vez al año. Y es curioso, pero siempre que he subido, ha hecho buen tiempo, tan bueno que el baño en el río también empieza a formar parte de la tradición.

Hay que reconocer que el agua estaba fresquita

Perfil de elevacion
Perfil de velocidad
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