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Salud y república

Hoy se cumple el 77 aniversario de la proclamación de II República en España. Y por ser distinto al resto, quiero recomendar un documental que vi hace tiempo, “Asturias: La última revolución obrera“, que relata la revolución de octubre de 1934 en la cuenca asturiana y la fuerte represión que la República y su ejército llevaron a cabo para sofocar la rebelión.

República sí, pero a ver si dejamos de soñar con cosas pasadas y construimos una nueva, moderna y mejorada.

Grandes dudas de la humanidad (I)

Si un viaje en avión desde Amsterdam hasta Tokio supone 50 minutos para el viajero, pero la vuelta son 15 horas, ¿el vuelo dura 5 ó 7 horas y media? Si el avión vuela en sentido contrario a la rotación de la Tierra, ¿ganaría tiempo? Por esa regla de tres, si una persona corre en ese mismo sentido, ¿aumentaría el espacio que recorre respecto a una persona que lo haga a favor de la rotación? Cuanto más salte y se mantenga en el aire la persona, ¿más rápido irá?

Ahí queda eso.

La teoría del redil ovejuno

Aquí va una nueva teoría después de la última sobre la correa de perro extensible. En esta ocasión se trata de la teoría del redil ovejuno.

Hace no mucho, leí por ahí que en 2008 la población urbana superaría a la rural por primera vez en la historia de la humanidad; hecho que creo que marcará un antes y un después en nuestras vidas. Sí, en las vidas de todos, incluso en las de los que estamos acostumbrados a las ciudades y su estilo de vida. Más adelante contaré en qué nos va a perjudicar, pero antes prefiero ver qué es lo que ha propiciado esta situación.

Controlar a la masa es algo cada vez más sencillo en este mundo globalizado, donde las noticias recientes dejan de serlo en pocos días, en ocasiones sólo horas. Gracias a los medios de comunicación, verdadero arma de poder de los políticos, es relativamente fácil crear temor o caos, como ya conté en otro post. Pero su verdadero poder es aborregarnos, intentar que todos vistamos igual, tengamos los mismos gustos, queramos ir de vacaciones al mismo sitio, que seamos lo más parecidos posibles los unos de los otros. ¿Por qué? Es mucho más sencillo dar un argumento que convenza a todos de una sola vez que intentar explicar algo a gentes con mentalidades distintas.

Y por fin llegamos al meollo del asunto, el control. Un control parecido al que ejerce el pastor que mantiene a las ovejas juntas dentro de su redil para que no escapen fuera de su influencia. Parecido en esencia, pero mucho más sofisticado para que las ovejas piensen que siguen libres. En nuestro caso las ciudades son el redil, el objetivo que hace que todos vayamos a comprar a los mismos sitios, comamos lo mismo, estemos hipotecados por un trocito de esa ciudad e incluso tengamos trabajos parecidos que lo único que hacen es quitarnos nuestro tiempo. Es la mejor manera de reunir a grandes masas de población, fácilmente influenciables por el poder del capital, donde esperan tener una vida más fácil, con electricidad, agua, comida en el súper, televisión, Internet, teléfono móvil de última generación, ropa recién salida de las pasarelas (¡já!). Una mísera quimera de la que se es esclavo sin darte cuenta, esclavo de la masificación, prisionero de tus propios semejantes. La libre competencia no se da sólo entre las empresas, también entre los obreros. Si hay exceso de mano de obra, los salarios bajan, es inevitable.

Fomentar la emigración a las grandes ciudades y la despoblación de los pequeños núcleos rurales es, desde hace tiempo, uno de los objetivos de los gobiernos. En el tercer mundo, se agrava aún más, las poblaciones dispersas no son forzadas a emigrar, sino a morir lentamente. Las ciudades son el medio para mantenernos juntitos, sin poder escapar, pues una vez que estás dentro, es difícil salir de ellas, en todo caso cambias a otra distinta, pero en esencia son todas lo mismo.

Con el tiempo, vivir todos masificados se convertirá en nuestra perdición. Dejará de tener ventajas. Las enfermedades se propagarán rápidamente y las curas no evolucionarán tan aprisa. El “terrorismo” podrá afectar a más y más personas.

Ya veremos en qué acaba todo.

Foto del día (Cascada del río Toxa)

Breves consejos para sobrevivir

Enumerados por Dráuzio Varella, un médico que prefiere prevenir antes que curar.

Me quedo con su reflexión más conocida, no sabía que fuera suya.

“En el mundo actual se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer.

De aquí en algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con el pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven”.

Visto en el blog de Rafael Almazán, así que sigue el enlace para ver el resto de consejos.

La religión de la humanidad

No, no me he vuelto loco después de haber apostatado. Simplemente quiero comentar algo sobre una religión de la que vi una iglesia la última vez que estuve en París. Se trata de la Religión de la Humanidad y tiene varias iglesias en Francia y Brasil. Vale que cualquier cosa que lleve la palabra religión me produce tirria, pero en esta ocasión, lo dejo pasar.

Después de indagar un poco sobre ella, doy con Auguste Comte [fr], un personaje extraño, tan extraño que su verdadero nombre era Isidore Marie Auguste François Xavier Comte, y de toda esa parrafada, sólo Comte era su apellido. Al parecer, Comte fue el extremo contrario de la postura revolucionaria de Voltaire y Rousseau. Es curioso que de estos dos franceses sí sepamos algo, aunque mucha gente de oídas, y en cambio nada sobre Comte.

Lo que Comte creó fue el positivismo. Él pensaba que había una ciencia que unía a todas las demás, una ciencia que relacionaría al resto en un todo único. Esa ciencia es la sociología, y aunque Comte le diese el nombre y una visión bastante exagerada, hubo otros muchos que ya estudiaron las relaciones sociales. Propuso la ley de los tres estados, en la que el primero sería el teológico, que buscaba explicar la Naturaleza en base a entidades divinas caprichosas. El siguiente estado, el metafísico, es crítico con el anterior, estaría encuadrado dentro de la corriente revolucionaria de Rousseau y Voltaire, y Comte lo califica como un estado intermedio hacia el estado final, el positivo. En él, el hombre no necesita saber qué son las cosas, sino que las observa y estudia para intentar extraer leyes que expliquen su comportamiento.

Después de esta explicación un poco chapucera (no soy un experto en el tema), se puede ver que no es realmente una religión, sino un tipo de filosofía y no tan bestia como pudiera ser la Cienciología. Lo que más me sorprende es que todavía persistan grupos que apoyen aquella teoría y se reúnan dentro de una religión, lo cual demuestra que si no estás dentro de un grupo de pensamiento, es porque no quieres o no te has molestado en buscarlo.